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Canto del Agua

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Por la ruta que va de Yacuiba a Palos Blancos, hoy he vuelto a bajar del Aguaragüe, majestuoso y aún cubierto por las brumas del amanecer, a Canto del Agua y, una vez más, tuve la certeza de estar en el lugar que posee el nombre más bonito con el que ser humano alguno haya nombrado jamás a un territorio. Y garabateo sin dudar la palabra “certeza” porque de la infinidad de lugares donde algún día amanecí, muchos de ellos con bellos nombres en los más diversos idiomas, ninguno se asemeja siquiera al de esta comunidad del pie de monte chaqueño, por lo sonoro, delicado y musical. Canto del Agua es, además, un lugar de una belleza extraña y sensorial, porque tiene la virtud de despertar los sentidos y ponernos en alerta ante el más imperceptible de los murmullos -al amanecer solo el canto de los pájaros- y librados a los aromas de la tierra siempre recién llovida, porque ante un nuevo día, este lugar eternamente parece estar renaciendo de un pertinaz e inmemorial aguacero. Pero también, con...

La novela de Jesús Urzagasti

Siempre me quedó la duda sobre si Jesús Urzagasti ha escrito varias novelas o en realidad desde siempre está escribiendo una sola, eternamente inacabada, inacabable en realidad, acaso porque a los mundos que frecuenta, mágicos y escurridizos, no es posible emboscarlos de una sola vez y para siempre, pues los seres y territorios que convoca Jesús a través de los ritos de las palabras permanentemente requieren ser nombrados, restituidos a la vida y así ocupar un lugar en el mundo que de otra manera les estaría vedado. Igualmente me queda la duda, a pesar de las pruebas irrefutables que indican lo contrario, si en realidad Jesús Urzagasti salio alguna vez del Chaco, porque indudablemente los hechizos de estas tierras impregnan cada una de las páginas de su obra, pero no como ecos de nostálgica ausencia o como un ejercicio de mera reminiscencia sino como una presencia tan viva que no es posible dejar de estremecerse al sentir que de sus palabras emanan los aromas del monte chaqueño y al da...

Llueve

es domingo por la tarde y llueve sobre La Habana hace días que llueve sobre la ciudad sobre el mar encrespado sobre la tristeza de la tarde sobre mi la distancia, la lluvia y el mar encrespado la tristeza de la tarde y tu ausencia sin medida todo eso llueve sin tregua sobre mi

África, según Ryszard Kapuscinski

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Este año se fue Ryszard Kapuscinski, a manera de recordarlo periodicamente compartire fragmentos de escritos suyos Hambre, niños-esqueléticos, tierra tan seca que se resquebraja, chabolas llenando las ciudades, sin ropa sin medicinas, sin pan ni agua. De modo que el mundo se apresura a socorrerla. Igual que en el pasado, África es hoy contemplada como un objeto, como reflejo de una estrella diferente, terreno de actuaciones de colonizadores, mercaderes, misioneros, etnógrafos y toda clase de organizaciones caritativas (sólo en Etiopía su número supera las ochenta). Sin embargo, más allá de todo esto, África existe para sí misma y dentro de sí misma, como un continente aparte, eterno y cerrado, tierra de bosques de plátanos, de campos de mandioca, pequeños e irregulares, de selva, del inmenso Sáhara, de ríos que van secándose lentamente, de florestas cada vez más ralas, de ciudades monstruosas y cada vez más enfermas; como una parte del mundo cargada con una especie de electricidad inqu...

Canto del Agua

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Por la ruta que va de Yacuiba a Palos Blancos, hoy he vuelto a bajar del Aguaragüe, majestuoso y aún cubierto por las brumas del amanecer, a Canto del Agua y, una vez más, tuve la certeza de estar en el lugar que posee el nombre más bonito con el que ser humano alguno haya nombrado jamás a un territorio. Y garabateo sin dudar la palabra “certeza” porque de la infinidad de lugares donde algún día amanecí, muchos de ellos con bellos nombres en los más diversos idiomas, ninguno se asemeja siquiera al de esta comunidad del pie de monte chaqueño, por lo sonoro, delicado y musical. Canto del Agua es, además, un lugar de una belleza extraña y sensorial, porque tiene la virtud de despertar los sentidos y ponernos en alerta ante el más imperceptible de los murmullos -al amanecer solo el canto de los pájaros- y librados a los aromas de la tierra siempre recién llovida, porque ante un nuevo día, este lugar eternamente parece estar renaciendo de un pertinaz e inmemorial aguacero. Pero también, co...